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LA NOVIA DEL BOLERO

LA NOVIA DEL BOLERO

El bolero es una canción bailable, melódica, lenta, suave, romántica, cuyo tema evoca vivencias sentimentales.  Se dice que es originaria de las Antillas (Cuba), como heredero del bolero español.  Ahora es popular en muchos países, adaptado a cada lugar, surgiendo el bolero rítmico, el bolero son, el bolero ranchero, el bolero moruno, etc.

Entre sus grandes intérpretes hay tríos famosos como “Los Panchos”, impulsores del bolero ranchero.  Grandes vocalistas como nuestro compatriota Lucho Barrios del género masculino y del femenino como Gaby Zevallos, Linda Lorenz, impusieron sus éxitos a nivel continental.  Sin embargo hay una intérprete que impuso su calidad vocal y su estilo para convertirse en Anamelba “La Novia del Bolero”, reconocida así por propios y extraños en el ambiente musical romántico, que valoraron su talento musical.

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Anamelba

Melva Ana Pinzás Salazar, su verdadero nombre, nació el 28 de agosto de 1942 en Huánuco (Perú).  Ella nació con el talento musical vocal que la llevó a convertirse en Anamelba, su nombre artístico, La Novia del Bolero.  Desde pequeña interpreta temas clásicos y regionales, en Huánuco.  Trasladado a vivir con su familia en Lima se ubican en Barrios Altos, estudiando en el colegio República de Brasil.  Llega a graduarse de profesora de danzas folklóricas, y graba su primer disco con su nombre de pila.

En 1961 inicia su vida como cantante profesional al realizar una gira por el interior de nuestro país con Paco Maceda (Los Kipus), quien le propuso iniciar los espectáculos como número preliminar.  Sus presentaciones en toda esta gira fueron muy aplaudidas debido a su talento musical arrollador y de la noche a la mañana se hizo muy popular, actuando como Melba Ana.  Es cuando tiene a su primer representante, Genaro Ganoza, quien le sugirió cambiar al nombre artístico de Anamelba.  El conductor de Radio Callao, Luis Aguilar, le puso el nombre de “La Novia del Bolero”.

Sus grabaciones eran éxitos rotundos.  Las giras tanto a nivel nacional como al extranjero se iban sucediendo, manteniendo ella la misma ecuanimidad ante la fama.

En 1967 se casó con Julio Jaramillo, del cual tuvo una hija.  Cuando quiso divorciarse en 1970 se dio con la ingrata sorpresa de que su matrimonio era nulo porque Jaramillo se había casado varias veces y en distintos países.  Esta burla no la desanimó, por el contrario, pensando en su futuro, siguió adelante con su actividad artística.

En 1980 tuvo su segunda pareja, un arequipeño, del cual también tiene una hija, pero se separó por incompatibilidad con el carácter autoritario de él.

La operaron de los ganglios y 15 años después le detectaron cáncer a las glándulas salivales.  No pudo volver al canto, pero no se desanimó, siguió su tratamiento al mal detectado, hasta cuando pudo soportar las quimio terapias.  En Estados Unidos estuvo trabajando como conductora de buses para niños especiales en New Jersey.  Fue objeto de elogios, de muchos homenajes, pero sentía orgullo de haber nacido en el Perú, y resaltaba la comida huanuqueña, porque nunca olvidó a la tierra que la viera nacer.

Anamelba tuvo una tercera pareja (Hugo de la Cruz) con quien compartió más de veinte últimos años de su vida en los Estados Unidos de Norteamérica, hasta su muerte debido a un paro cardiaco ocurrida en New Jersey en septiembre del 2011.

Entre los muchos reconocimientos que ella recibió está el premio “Orgullo Peruano 2011” otorgado por un programa de responsabilidad social.

Transcribo del audio de despedida de Anamelba que proporcionó el productor musical Arturo Barrientos:  “Hola amigos, ¿cómo están?, les habla su Novia del Bolero, Anamelba.  Despidiéndome de todos ustedes, y que Dios me los bendiga a cada uno de los que me han querido y a los que no me han querido.  Igualito.  También a todos mis compañeros artistas, que los he querido mucho.  Que Dios me los bendiga a todos ustedes.  Su amiga Anamelba, su Novia del Bolero”.

Melba Ana Pinzás Salazar, conocida como Anamelba, una de las mejores voces femeninas del bolero dejó de existir en Nueva Jersey luego de una larga batalla contra el cáncer, en septiembre del 2011.  Lastimosamente a su muerte no hubo en el Perú un justo reconocimiento a la labor artística de esta extraordinaria mujer, que cual heroína de la vida luchó por querer vivir soportando todo y afrontándolo todo hasta el último instante.

 

“Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reir” (Anónimo)

 

Fuentes:

La rocola de papá.

Artistas en el Perú.

Popybolero.blogspot.com/

www.perumagiayencanto.com

http://www.youtube.com

 

PROMAR

UNA NOCHE DE LUNA

UNA NOCHE DE LUNA

Este año 2015 la estación de la primavera llega al hemisferio sur más cálido que en otros.  El Fenómeno de El Niño, que es un calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico, hace que la corriente de Humboldt eleve su temperatura en el caso del Perú, provocando reacciones climáticas como lluvias intensas, huaycos, inundaciones, deslizamientos, sequías, nevadas, heladas; temperaturas extremas.  Los pobres son los más afectados.

Pero la primavera es verdor, campo florido, canto alegre de las aves, revoloteo de mariposas, abejas, picaflores, quienes al beber el néctar de las flores, que entreabren sus pétalos, trasladan el polen propiciando la producción de nuevas semillas.  Los tibios rayos de sol irán aumentando su calor hasta hacer madurar los frutos.

Juventud es sinónimo de primavera, es la etapa de la energía desbordante, del fértil vigor, es cuando nos sentimos quijotes, capaces de cambiar el mundo, de hacerlo más justo.

Recuerdo una primavera de los años sesenta, cuando entonces joven estudiante, tuve que escribir una composición sobre una noche de luna.  El panorama nocturno alumbrado por la luz de la luna se ve distinto al diurno.  Todo el ambiente se torna mágico, enigmático, misterioso, inquietantemente desconocido.  Aún cuando ese mismo paisaje nos es familiar y cotidiano.  Visualizamos irreales contornos, imágenes cambiantes que de por si nos provocan natural temor, inseguridad, desasosiego.

Muchas veces estuve en el río Higueras, visitando su entorno poblado de frondosa vegetación, cuando las calurosas tardes huanuqueñas invitaban a refrescarnos en sus frías aguas.

Puente colgante sobre el río Higueras, acceso al famoso Kotosh.

Quise describir aquel panorama ribereño en mi composición, pero no lograba coordinar ideas y el tiempo del concurso transcurría.  Mi nerviosismo y angustia agravaban la situación.  No había escrito nada todavía.  Mis compañeros de clase avanzaban ávida mente sus temas.  Entonces cerré los ojos e imaginé estar de noche en aquel lugar, y al fin pude escribir.

“El panorama huanuqueño, iluminado por brillante luz de luna, se muestra hermoso esta noche.  La ciudad parece descansar en silencio.  Una pareja de jóvenes enamorados, tomados de la mano, se alejan de la ciudad.  Caminan dirigiéndose al río Higueras, que viene desde la provincia de Dos de Mayo, bañando a la ciudad de Huánuco en su lado sur.  Las frías aguas de este río discurren incesantes hasta unirse con las del caudaloso Huallaga que bordea Huánuco por su lado este.  El aroma perfumado de las flores y el característico olor a fresca vegetación cubren el ambiente, expandidos constantemente por un viento acariciador.  El rumor del río, el chirrido de insectos, el croar de sapos, el canto de aves, el silbido producido por el roce de ramas y viento, suman acordes naturales al imparable concierto musical nocturno.

Los rayos de luz de luna, filtrándose por entre los árboles, dibujan haces de luces, produciendo sombras, claros y oscuros, figuras cambiantes que se suceden al vaivén del aura que lo envuelve, inquietándonos, aún cuando nos son familiares estos lugares.

El panorama nocturno es misterioso, impredecible, nos hace perder seguridad, los sentidos se ponen alerta, sobresaltándonos al menor ruido emitido o movimiento notado.

Pero los mencionados enamorados se desplazan sin mayores temores, totalmente despreocupados.  Ellos viven solamente la realidad de sus sentimientos y van adentrándose en este escenario creyéndose ajenos e invulnerables o amos del mundo.  Subyugados por el fuego de la pasión que los consume no perciben peligros ni adversidades.  Abrazados, prodigándose besos y caricias, como si fuesen Adán y Eva en su paraíso terrenal, caminan por las riberas del río, en medio del nocturnal bullicio reinante, sin incomodarse por nada.

Luego desperté, comprobando que esto solamente había sido un sueño.  Toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

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Así concluí mi composición abrupta mente, parafraseando a Segismundo en su monólogo del final del segundo acto en la obra teatral “La Vida es Sueño” de don Pedro Calderón de la Barca, porque el tiempo fijado para el concurso había transcurrido.

Este final inesperado me dejó preocupado, porque consideraba inconcluso mi tema.

En cada nueva primavera, los mayores de edad rememoramos los días dorados de nuestra juventud, recordando aquel estribillo de “Juventud Divino Tesoro, ya te vas para no volver.  Cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer”.

A continuación, “Canción de Otoño en Primavera” del insigne poeta nicaragüense Rubén Darío, cuyo verdadero nombre es Félix Rubén García Sarmiento.

CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé…

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía…

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé…
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe…

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

Y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la primavera
y la carne acaban también…

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Más a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín…

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…
¡Mas es mía el alba de oro!

FIN

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“El verdor de la primavera nos recuerda que la vida es un llamado a la esperanza”.
Abel Pérez Rojas (escritor, periodista y educador mexicano).

PROMAR

EL INOLVIDABLE DINO

EL INOLVIDABLE DINO

Hay recuerdos que evocamos con cariño y nostalgia, como el que ahora me ocupa, sobre un perrito de raza chin japonés llamado Dino, que se convirtió en miembro de mi familia.

Esta historia empezó en el verano de los años ochenta.  Llegué a Lima acompañado de mi hija procedente de Huánuco, a casa de unos familiares, para veranear unos días y también con el objetivo de recoger un cachorrito para llevárnoslo a casa.

Estos familiares tenían perritos de raza pekinesa, que eran bonitos, fieles y pequeños.  Mis hijitos habían conocido estas mascotas en una anterior visita y querían ellos también tener uno.  Seguramente por esta razón, mi esposa, les había hecho el anticipado encargo de que nos guardaran un cachorrito cuando su perrita tuviese una nueva camada.  Para esta visita ya habían nacido los cachorritos.

Nosotros queríamos conocer el nuestro, y nos alegramos porque el cachorrito era apuesto y vivaz, machito, de brillantes ojos y tierna mirada, de color blanco y negro, producto del cruce entre una perrita pekinesa y un macho chin japonés.  Mi hija lo bautizó con el nombre de Dino.

Cumplida nuestra agenda de actividades en Lima, debíamos ya retornar a la ciudad de Huánuco.  Allí surgieron algunos contratiempos.  Primero, estaban agotados los pasajes en la línea Aeroperú con destino a Huánuco por mayor demanda.  Estaba suspendido el transporte de pasajeros por vía terrestre.  Un tramo de la carretera central estaba literalmente cortado muy cerca a la ciudad de Ambo.  Para poder rehacer la plataforma de la vía arrasada en ese desfiladero había que esperar la disminución del caudal del río Huallaga.  Por eso compramos pasajes en Faucett, con destino a Tingo María, porque tampoco tenían cupos para Huánuco.

Creo que se necesitaba algún permiso o gestión para transportar animales.  No teníamos tiempo para ello, por eso decidimos llevar a Dino en la mano, dentro de una bolsita de papel, poniéndolo en el interior de un maletín de cuero con la boca abierta, que mi hijita lo llevaría.

Llegamos al aeropuerto Jorge Chávez, hicimos cola de abordaje e ingresamos al interior de la nave.  Nos sentamos y colocamos sobre nuestro regazo el maletín con el perrito.

Creo que por curiosidad, Dino asomaba su pequeña cabecita de rato en rato desde el interior del maletín, sigilosamente, sin movimiento brusco que lo delatara.  Teníamos que cubrirlo con tela para evitar que lo vean.  Por lo demás, el perrito iba tranquilo, no gemía ni ladraba dentro de su pequeño encierro temporal.  Parecía comprender la situación y actuaba como si adivinara nuestros deseos.  Se mantenía sentadito dentro de la bolsita de papel, con la cabecita afuera para poder respirar, tranquilo, sin sobresalir del maletín de cuero.  En ese momento Dino era muy pequeño, tendría de 15 a 20 días de haber nacido.

El avión alcanzó el final de la pista y alzó vuelo.  Recién respiramos tranquilos.  Mi hija iba alegre y contenta con su mascotita en el maletín, cubriéndola cuando el perrito asomaba la cabecita.

Habrían transcurrido 20 minutos de vuelo y el perrito ya no se sentía cómodo dentro de su bolsita de papel y se movía queriendo salir.  Adivinamos que el perrito quería orinar.  Lo sacamos del bolso y lo pusimos al piso, entre nuestras piernas.  Como el perrito era tan pequeño nadie siquiera lo notó.  Dino expulsó algunas gotas de meado, que rápidamente lo secamos.  Lo devolvimos al maletín con el mayor sigilo para no llamar la atención.  El perrito volvió a la calma y siguió en su encierro sin gemir ni ladrar, ni siquiera se durmió durante el viaje.

Aterrizamos en el aeropuerto de la ciudad de la “Bella Durmiente”, Tingo María, a eso de las 5 de la tarde, trasladándonos luego al centro de la ciudad, en donde abordamos un auto colectivo que nos trasladó hasta la ciudad de Huánuco.

Felices y contentos llegamos a “la ciudad del mejor clima del mundo”, a eso de las 8 de la noche.  Nuestro pequeño Dino ahora sí salió de su pequeño encierro y pisó suelo huanuqueño por primera vez.  Comenzó a caminar recorriendo la casa ante la mirada de todos.  Iba de un lado para otro, pasando de cuarto en cuarto, las puertas estaban entreabiertas, inspeccionando el lugar donde viviría con nosotros.

Los días pasaban y Dino crecía en talla y vivacidad, comportándose como si adivinara nuestros deseos.  En ese crecimiento hacía travesuras, incluso morder piezas de ropa que encontraba tirados en el suelo o sobre los muebles.  Había malogrado algunas de ellas.  Como era un perrito pequeño, tierno y bonito, se le perdonaba todo.  Era la alegría de la casa y compañero de juego de mis hijos, quienes pasaron años maravillosos de su primera infancia junto a Dino viviendo en el centro de la ciudad de Huánuco.  Luego de estar allí 3 años, nos trasladamos a Paucarbamba, capital del distrito metropolitano de Amarilis, donde ocupamos una casa espaciosa, con frente a  la avenida 28 de agosto, que lucía un extenso parque con grandes árboles y jardines.

Allí transcurrieron otros años felices compartidos entre Dino y mis hijos.  Cuando alguna vez tuvimos que llamarle la atención por cualquier travesura suya, el perrito se alejaba de nosotros, echándose en el suelo cabizbajo, como si estuviese avergonzado de su conducta.  Estaba allí en silencio, mirándonos de reojo, con el hociquito en el suelo, orejas caídas y cola también.

Una determinación inolvidable de Dino fue hacer suyo uno de los asientos del sofá.  Mis hijos siempre le dejaban libre su asiento.  Cuando alguien lo ocupaba, Dino se paraba a su frente y ladraba tanto que era hora de reacomodarse.  Entonces recién dejaba  de hacer bulla e iba tranquilamente a ocupar su lugar en dicho mueble de la sala.

Tampoco permitía que alguien le toque la cola.  Apenas acercabas la mano a esa parte de su cuerpo ya te estaba mostrando sus dientes decidido a mordértela si te atrevías a tocársela.  En estos casos no había excepción alguna, mordía a todos, incluso a mis hijos.

En otras circunstancias siempre se mostraba alegre, juguetón, dispuesto a compartir su compañía.

Dicen que todo tiene su final y muchas veces inesperada.  Una noche llegó la muerte.  Parece que los pequeños pulmones de Dino no pudieron resistir el terrible frío de aquella noche, y murió.  Para entonces nuestra mascota tendría unos diez años de edad.  Lógicamente este fatal desenlace causó honda pena, a mis hijos y a mi familia.  Un veterinario amigo le hizo la autopsia del caso, determinando muerte por fulminante pulmonía.

Mis hijos muy acongojados, ya entonces grandecitos, cavaron una fosa en el jardín interior de la casa y enterraron allí los queridos restos de nuestro inolvidable Dino.

Así culminó la existencia del cachorrito que un buen día salió de Lima siendo aún muy pequeño y dentro de una bolsita de papel, viajando en avión sin ser descubierto, llegando a Huánuco desde Tingo María, para ser la alegría de mis hijos y mascota de mi familia.

Muchas veces cuando conversamos asuntos caseros siempre nos acordamos de Dino, y nos alegramos de haberlo tenido.  Aún añoramos su compañía, su bravura como guardián de la casa, sus travesuras y su alegría.

Ahora que ha pasado el tiempo, vivo admirando al pequeño cachorrito que actuaba como si leyera nuestros pensamientos, comportándose de acuerdo a las circunstancias y a nuestros deseos.

Donde quiera que se encuentre el alma de nuestro querido Dino, que tenga paz y sea muy feliz.  Quizá nos está mirando sin poderlo ver nosotros.  Quizá vive en otro espacio u otra dimensión y ya no tenemos conexión alguna.  Pero, donde quiera que te encuentres inolvidable Dino, vivirás con nosotros, alegrando nuestras tertulias familiares con tu recuerdo.

“La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados según la forma en que tratan a sus animales”.

Mahatma Ghandi

PROMAR

!DILES A NUESTROS PAISANOS QUE LA COLUMNA PASCO HA CUMPLIDO!

Oficiales de la Columna Pasco.  Al centro, Alejandro Monfort, sentado.

En el blog PUEBLO MÁRTIR del profesor César Pérez Arauco, hay una importantísima entrada bajo el título de LA ÚLTIMA CARTA; de cuyo contenido rescato la frase que he usado como título de este comentario.

En La Última Carta” podemos leer una sentida y conmovedora despedida, escrita a su señora madre doña Amelia Viuda de Monfort, por el oficial Alejandro Monfort.  Todavía hasta esos momentos Monfort era uno de los sobrevivientes de aquella histórica y heroica Columna Pasco, que conformada por 220 patriotas pasqueños saliera de la ciudad de Cerro de Pasco el 7 de mayo de 1879, al mando de Manuel Mori Ortiz; para que luego de un arduo entrenamiento en Lima partieran del puerto del Callao el 26 de septiembre de ese año, hacia nuestra frontera sur para unirse a nuestras tropas y entrar en batalla; porque Chile había declarado la guerra al Perú el 5 de abril de 1879.

Alejandro Monfort, junto a otros paisanos y demás combatientes peruanos, se alistaba ese día, previo al 7 de junio de 1880, para resistir el asalto final al MORRO DE ARICA, donde el ejército chileno los tenía rodeados y bombardeándolos desde el día 5 de junio, luego de que el coronel Francisco Bolognesi respondiera al emisario chileno: “Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”, al pedido de rendición de la plaza de Arica.  Decisión que fue respaldada por la totalidad de la oficialidad peruana consultada en ese mismo acto.  Por tanto el desenlace fatal era inevitable.  Todos estaban decididos a luchar hasta morir antes que a rendirse; incluso y a pesar de la superioridad numérica chilena de cuatro a uno.

“!Ahora se que la guerra es el mismísimo infierno!  “Debería abolirse la guerra que no es sino una cruel y salvaje matanza entre seres humanos que deben amarse”; lo dice y así lo denuncia Alejandro Monfort en la carta que dirige a su señora madre.  La humanidad debería tomar conciencia de esta terrible realidad de las guerras y tratar de evitarlas.

Alejandro Monfort, Subteniente de la cuarta Compañía de la Columna Pasco.

Para que todos podamos enterarnos de los pormenores que el oficial Alejandro Monfort relata en la mencionada carta, la copio a continuación.

Arica, 6 de junio de 1880
Señora
Amelia viuda de Monfort
Cerro de Pasco

Inolvidable madre mía:

Por fin puedo escribirle las líneas que le debo hace mucho tiempo.  En primer lugar, para agradecerle las cartas que me ha enviado, todas ellas cargadas de amor, de comprensión, de aliento.  Recibirlas, madre mía, no obstante la tristeza de encontrarme a centenares de leguas de distancia, muy lejos de usted, de mi novia y de mi tierra adorada, ha servido para mantener vigente mi ánimo y mi entusiasmo.

Aquellos hermosos días de paz transcurridos en mi niñez y mi juventud, me parecen muy distantes.  Mañana cumpliré exactamente trece meses de servicio activo en nuestro Ejército.  Trece largos meses en los que aprendí muchísimas cosas.  ¡¡Ahora sé que la guerra es el mismísimo infierno!!  ¡Debería abolirse la guerra que no es sino una cruel y salvaje matanza entre seres humanos que deben amarse.  La guerra, entre otras infamias, nos aleja de nuestros hogares.  Todos los hombres que me acompañan viven suspirando por encontrarse nuevamente con los suyos.  Desde que salí de mi tierra, multitud de paisajes he visto desfilar delante de mis ojos.  Tierras semejantes a mundos ignotos y extraños; inmensidades que jamás sospeché siquiera que existieran (No me castigue Dios, pero no quiero volver a ver un arenal en lo que me quede de vida).  He caminado por los inmensos desiertos de esta parte del planeta, en medio de un implacable sol que por momentos nos hacía ver alucinaciones y espejismos, en noches tan cerradamente oscuras que, a ratos, esperábamos caer en un abismo negro y eterno y que en nuestra desesperación, nos parecía que era mejor así; que era preferible morir, a seguir sufriendo aquella abominable pesadilla.  He sentido los labios descomunalmente hinchados por la sed.  Aquí el agua es la bendición que muchas veces estuvo muy lejos de nuestros labios.  También he aprendido a orar, a trabajar y a combatir.  He aprendido a vivir con exaltación, con plenitud, con ímpetu.  Han sido necesarios estos largos meses de preparación y de luchas para comprender lo que es un soldado, un hombre.  Hoy lo sé muy bien.  He mirado a los valientes de nuestra Columna luchar con un valor sin límites, sin una queja, sin una lamentación, no obstante sus heridas, y me he sentido plenamente orgulloso de ellos.  He visto a mis hermanos cerreños morir con la sonrisa en los labios, en cuyas pupilas llameaba la luz del heroísmo, mientras la vida les duraba.  Y he llorado, madre, he llorado como un niño, al cerrar sus párpados fríos, sin vida, benditos.  ¡Diles a nuestros paisanos que la Columna Pasco ha cumplido!   En las faldas del cerro San Francisco, por ejemplo, yo también he sentido la muerte, cuando nos ametrallaban y cañoneaban por todos lados, y mientras el fuego graneado caía en derredor, haciendo que la muerte juegue con nosotros, sentí que algo me protegía.  Ahora sé que sus oraciones, que la bendición que me dio usted, me hacían invulnerable.  ¡Dios la bendiga, madre mía!

Hasta ahora el Señor me ha conservado la vida; presiento que será por poco tiempo.  Ahora estoy convencido que un hombre que ha recibido este tremendo bautismo de sangre, fuego y dolor, sólo busca en su Salvador la luz eterna de la verdad.  Nunca pude pensar que hubiera tantos hombres buenos en nuestra tierra.  En estos trece meses de guerra he conocido más hombres generosos y abnegados que en todo el resto de mi vida.  He visto a los integrantes de la Columna Pasco, hermanos de mi alma, único consuelo en mi soledad y tristeza, combatir y morir como héroes.  Estoy seguro que mañana siete de junio también sabrán luchar como fieras.

En estos momentos, acá en Arica, acaba de finalizar el bombardeo terrestre y naval que nos han dirigido los chilenos, felizmente sin ninguna consecuencia.  Han tratado de asustarnos.  Hoy más que nunca estamos confiados en la grandeza de nuestros jefes.  Imagínese.  El coronel que ya peina canas, contestó al parlamentario chileno que vino a pedir nuestra rendición, que pelearemos “Hasta quemar el último cartucho”.  Todos los jefes y oficiales lo respaldaron.  Nosotros también, claro está.  Sabemos que la muerte nos aguarda, pero tenemos que cumplir nuestra palabra.  Estamos sitiados y abandonados a nuestra suerte.  Todos lo sabemos.  Mañana atacarán, pero los estaremos esperando.  Tenemos conocimiento que las faldas del morro se están sembrando de minas explosivas; por allí tendrán que pasar los chilenos.  Tenemos que valernos de todo, madre, de todo.  Ellos son más de seis mil hombres muy bien armados y bien alimentados; nosotros no somos más de mil quinientos (cuatro a uno).

Yo, como sabe usted, conjuntamente con todos mis hermanos de la Columna Pasco, nos hemos aglutinado en el Batallón Tarapacá que está al mando del coronel Ramón Zavala -rico salitrero tarapaqueño… Ah! le contaré que hasta hace unos pocos días nuestra alimentación dejaba mucho que desear, pero el coronel Alfonso Ugarte Vernal, un oficial tarapaqueño que es muy acomodado, ha dispuesto un gran banquete para jefes, oficiales y tropa.

En este momento todos estamos escribiendo.  Avíseles a las madres y a las novias de mis amigos que ellas también tienen sus cartas; especialmente la “Ñahuirona” Clotilde a quien el “loco” Landaver le está escribiendo un testamento.  No es para menos.  El sabe que habremos de morir, pero quiere alegrar el corazón de su novia.  Lo mismo ocurre con Aníbal; le está escribiendo una hermosa carta a su mamita, la señora Panchita.  ¡Madre!  Yo quiero rogarle que cuando pase lo que tenga que pasar, acompañe a la ancianita.  ¡Es tan viejecita, la pobre!  También si pudiera entrevistarse con la madre del “cholo” Fermín Eusebio, quisiera que le diga que su hijo es un hombre extraordinario.  Con su trompeta nos ha alentado y animado aquí en las trincheras.  Todos lo queremos.  Tiene que ubicarla, madre.  Ella es la lavandera de los Campillo y de otros españoles más.  Vive en Diputación.  Finalmente, le pido con todo mi amor que consuele a Margarita.  A ella también le estoy escribiendo, pero sé que de todas maneras va a sufrir mucho.  Usted sabe que cuando partí de allá, de nuestra tierra, le prometí que a la vuelta de la guerra nos casaríamos.  Que me perdone.  Dios no ha querido depararme esa felicidad.  Ella habría sido una magnífica esposa.  Pídale que me comprenda; que la patria nos exige esta dolorosa separación.  Ella sabe que la quiero con todas las fuerzas de mi alma.  Que ella es la única mujer a la que he querido en mi vida, pero no pudo ser.  Que me perdone y que sea muy feliz.

Esta noche voy a confesar, madre.   Estoy esperando mi turno.  Ya casi todos lo han hecho; hasta los Candiotti…  ¡Imagínese!  El padre Rojas está atareado alcanzándonos la absolución por nuestros pecados.  El también será el encargado de hacer llegar esta carta a sus manos.

Madrecita mía: Estoy consciente que me quedan muy pocas horas.  Sé que en cualquier momento, a partir de este instante, la muerte vendrá a arrebatarme la vida que usted me ha dado.  Por eso, cuadrando mi emoción en palabras, le escribo mis últimas letras.  No se imagina el esfuerzo sobrehumano que tengo que hacer para mantener mi pulso firme.  No sabe cómo he rogado a Nuestro Señor que me dé presencia de ánimo para resistir la angustia.  ¡Despedirse es lo mismo que morir!… ¡Y yo me estoy muriendo, madre!!  Sin embargo, armándome de coraje y pidiéndole a usted que haga lo mismo, le dedico los últimos instantes de mi vida.

Tengo que terminar esta carta.  Voy a ocupar mi emplazamiento de combate.  Nos ha correspondido una represión de la parte norte del morro de Arica.  Allá vamos.  Mis últimas palabras son para usted, madrecita, para usted, como lo serán mis postreros pensamientos.  Tenga la seguridad que a donde vaya, la estaré aguardando.  Sólo tomaré la delantera.  Estoy seguro que me veré con mi padre con quien la estaremos esperando.  Le pido a usted con todo mi amor, que vaya a la tumba de mi padre y ponga en ella, no una, sino dos flores, que serán mis lágrimas de despedida.

Madre mía, le pido, le ruego, le imploro, que tenga mucho co-ra-je para soportar esta prueba que nos da el destino.  Ruéguele también al Señor, porque el valor no me abandone jamás, en esta última prueba.  Usted reciba junto con mi bendición, el último beso de su hijo moribundo.

¡Que Dios la bendiga, madre mía!…  ¡Viva el Perú!
Su hijo que la adora
Alejandro

Francisco Bolognesi y oficiales del ejército peruano.

“Puede ser un héroe, lo mismo el que triunfa que el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate”.

(Thomas Carlyle)

FUENTES:

César Pérez Arauco (pueblomartir.wordpress.com)

Elízabeth Lino Cornejo (zumbayllu.blogspot.com)

Wikipedia

gdp1879.blogspot.com

Fotografías de Google

PROMAR

EL EMBLEMÁTICO CARRIÓN EN SU LXXII ANIVERSARIO DE CREACIÓN

El 31 de mayo de 1943 fue inaugurado el colegio nacional, de instrucción secundaria común, “Daniel A. Carrión” de la ciudad de Cerro de Pasco (PERÚ).  con asistencia de autoridades políticas, educativas, religiosas, militares, y, ante un público enfervorizado por el anhelo alcanzado.  Era el primer colegio de educación secundaria común que se creaba en Pasco, aunque para ello fue necesario el reclamo de todo el pueblo pasqueño y diversas organizaciones que también hicieron suyo este anhelo.  Esta inauguración se realizó en el escenario del cine teatro “Grau” de esta ciudad.

Por ello, este año 2015 se celebrará el LXXII aniversario de su creación.  Los ex alumnos carrioninos residentes en la ciudad de Lima (Perú) nos aunamos a éstas celebraciones que nuestra Alma Mater desarrollará en Cerro de Pasco, con este motivo.

Frontis del colegio “Carrión”.

El aquel entonces creado colegio Carrión, como toda cosa nueva, tuvo dificultades, deficiencias y precariedades, al inicio de su labor institucional.  Tanto por carecer de una infraestructura adecuada, como también por su precario presupuesto y deficientes servicios sanitarios.

Tenemos referencias de que se dio el caso de profesores que dictaron clases “gratuitamente”, a los alumnos del tercer año de secundaria, porque el director del plantel había obtenido que la Dirección de Educación autorizara el funcionamiento de este tercer grado, pero sin obtener la respectiva  asignación presupuestal correspondiente, llegándose al caso de que los profesores tuvieron que dictar las clases a título oneroso.

El mencionado colegio empezó a funcionar en una casa alquilada en el jirón Puno de Cerro de Pasco; para luego pasar a ocupar un local en la Plazuela Ijurra; para luego volver de nuevo a la misma calle Puno, pero a otra casa.  Todo este periplo se hizo en varios años.  Hasta que en 1956 llegan a instalarse en el local de la Plaza Centenario, quedándose allí hasta 1959.

Patio central del colegio “Carrión”

Hasta que el sueño del local propio del colegio se hizo realidad cuando se construyó el moderno local que viene ocupando hasta la actualidad, la misma que entró en funciones en 1960.

Creo conveniente comentar el antecedente de la creación de la “Escuela Práctica de Minería” de la provincia de Pasco, el 10 de julio de 1941; la misma que inició sus labores como “Escuela Técnica de Capataces de Minas”, porque su razón de ser era formar personal técnico de mando medio para la minería que, como sabemos, era la fuente principal de trabajo en Cerro de Pasco y alrededores.  Posteriormente, esta escuela técnica de capataces, cambió de denominación; hasta que en los años sesenta era el Instituto Industrial No. 3 “Antenor Rizo Patrón”.

Los “carrioninos” y los “capachos” (que así se denominan hasta la actualidad los alumnos de este colegio técnico) mantienen una sana competencia desde sus inicios, tanto en lo deportivo, como también en las actividades cívicas como en los desfiles escolares, con la presentación de sus bandas de guerra y de música, como en tantas otras actividades donde participan; ocasiones en las que ambas instituciones educativas tratan de mostrar su supremacía.

Nuestro celebrado colegio Carrión, que en los años sesenta de los un mil novecientos ostentaba el título de Gran Unidad Escolar “Daniel A. Carrión” de la ciudad de Cerro de Pasco, ahora es Institución Educativa Emblemática de la Región Pasco, y continúa formando y entregando promociones que egresan año tras año, muchos de ellos serán profesionales, otros seguramente serán técnicos, y otros independientes; todos preparados para servir y beneficiar a la sociedad nacional e internacional, en el campo de su actividad laboral donde se desempeñen.

Los ex alumnos del colegio “Daniel A. Carrión” de Cerro de Pasco (Perú), hacemos llegar nuestro afectuoso saludo y felicitación en este su LXXII aniversario, al personal jerárquico que ahora lo dirige, a su plana docente, a sus administrativos, de servicios, y alumnado carrionino en general, agradeciéndoles por mantener el bien ganado prestigio de su excelencia educativa, que debe preservarse.

Inicio de Obra I.E.E. Daniel Alcides Carrion

Maqueta del último mejoramiento de la infraestructura Carrionina.

“El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados.”

Jean Paul (seudónimo del alemán Johann Paul Friedrich Richter).

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CAPITÁN DEL SELECCIONADO PERUANO DE FÚTBOL 2015

Para nuestro tema, el diccionario de la lengua española señala que “capitán” es “cabeza de un equipo”.

Entonces, el capitán de un equipo debe ser el pensante, el guía, el líder, el caudillo, el ejemplo.

El seleccionado peruano de fútbol, a través de su historia, ha tenido grandes capitanes de cancha.  Verdaderos abanderados dentro del campo de juego, como: “Chocolatín” Cornelio Heredia; José Fernández; el “granítico” Héctor Chumpitáz, “Gran Capitán de América”; entre tantos otros recordados conductores de sus respectivos equipos.

Ricardo Gareca

En esta ocasión, designarlo, será una tarea que debe resolver el nuevo entrenador de nuestro seleccionado, don Ricardo Gareca.

Por el momento, los aficionados, no avizoramos un candidato ideal entre los consagrados que ya se vocean como convocados.  Quizá no necesariamente debería ser el mejor jugador dentro del campo de juego, sino alguien que tenga ascendencia sobre sus demás compañeros, alguien más centrado, sereno, alguien con don de mando, un líder, un caudillo, que pueda inspirar a sus demás compañeros a entregar su mayor rendimiento en beneficio del equipo y luchar hasta el último instante, sin bajar los brazos, superando aún los momentos más adversos de un cotejo.  Quizá los últimos capitanes, que ha tenido nuestro seleccionado peruano de fútbol, no han podido mostrarnos esas cualidades, que creo deberían ser fundamentales para ser elegido como tal.

José Fernández, Pelé, y Ramón Miflin.

Los espectadores no quisiéramos ver a nuestros jugadores deambulando dentro del campo de juego, como si estuviesen allí por compromiso.  Muchas veces vemos como si estuviesen allí en contra de su voluntad, como si alguien los hubiese obligado.  Incluso, hemos podido observar asombrados a algún jugador de nuestro seleccionado haciendo méritos para que el árbitro lo eche del campo.  Este tipo de actitudes van en contra del equipo.  Cuando alguien es expulsado del campo deja al equipo en inferioridad numérica, afectando anímica y tácticamente a sus demás compañeros que tienen que continuar la brega en desventaja, hasta el final del encuentro.

“Chocolatín” Cornelio Heredia

Por ello creo que es difícil la responsabilidad del entrenador Gareca, que deberá elegirlo.  Al menos quisiéramos que el designado  tratara de emular a alguno de aquellos grandes capitanes de nuestro fútbol peruano, quienes exhibiendo pundonor y coraje, lograron contagiar ese  espíritu de lucha a sus demás compañeros, predicando con el ejemplo, en cada partido disputado.  Los hinchas aún añoramos a esos bravos de nuestro seleccionado peruano de fútbol, que nos regalaron momentos de alegría, dejando imágenes imborrables en nuestra memoria como testimonio de sus respectivas hazañas deportivas.

“Nadie es consciente de su capacidad, hasta que la pone a prueba”.

(Thomas Alva Edison)

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¿PUEDE O DEBE?

¿“PUEDE” O “DEBE”?

La libertad de expresión, de que gozamos en democracia, me permite comentar cuándo deberíamos usar la palabra PUEDE o DEBE.

“Los peatones NO PUEDEN cruzar la pista temerariamente, cuando la luz verde autoriza circular a los vehículos, poniendo en riesgo sus propias vidas”, escuchamos decir en la radio.

Reflexionando sobre el mencionado comentario concluyo que sí pueden hacerlo, y lo hacen a diario provocando accidentes de tránsito muchas veces con consecuencias fatales.

Esta imprudencia temeraria que los peatones cometemos a diario es criticable y por lo mismo debe ser sancionado, para ir educándonos de que no debemos realizar estos actos que ponen en peligro nuestra propia existencia, nuestra vida, que es lo más valioso que cada uno de nosotros poseemos.

Me parece que el comentario debería decir que “los peatones NO DEBEN cruzar la pista temerariamente, porque ponen en peligro sus propias vidas”.

Otra frase para reflexionar: “Los maestros NO PUEDEN estar ganando tan míseros sueldos”.  Me parece que deberíamos decir: “los maestros NO DEBEN estar ganando tan míseros sueldos porque eso los desincentiva, los deprime, des motivándolos para esforzarse en enseñar mejor a nuestros niños”.

Estos errores de expresión que muchos cometemos involuntariamente, al momento de emitir nuestro punto de vista sobre algo que indudablemente llama nuestra atención, parece que obedece al apresuramiento al momento de hacerlo.  Esto nos sucede a diario, y en todo orden de actividades humanas, no solamente en los casos de los ejemplos que he expuesto.

“Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve de nada”

José Luis Sampedro (español, 1917 – 2013).

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