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ESTHER GRANADOS YA JARANEA EN EL CIELO

A las 5.30 de la mañana del día 19 de octubre del 2012, en el Hospital Rebagliatti, dejó de existir Esther Granados a la edad de 86 años.

Esther Granados

BIOGRAFÍA

María Esther Granados Ulloa nació el 30 de enero de 1926 en los Barrios Altos, Lima.

Sus padres fueron don Benjamín Granados Ramírez y doña María Ulloa de Granados.  Su infancia transcurrió en la desaparecida calle Universidad, que estaba por la Plaza de la Inquisición y el Congreso de la República.

Estudiaba en el colegio “San Marcelo” que se encontraba cerca de la iglesia del mismo nombre, en la esquina de Emancipación y Torrico, en el centro de Lima.

Se dice que un alegre grupo de compañeritas del colegio la llevó, casi a la fuerza, hasta Radio Goycochea, que estaba en la plaza San Martín, para mostrar su talento.

Solía recordar que debutó acompañada por el piano del doctor Alejandro Hernández, a quien le decían cariñosamente “Arañita”.  Luego pasó a Radio Lima, uniéndose al elenco que dirigía don Filomeno Ormeño Belmonte, gran compositor musical.

Esther se hizo muy popular y querida por el público, por su gran simpatía y su criollísimo repertorio lleno de alegría y de optimismo. Muy pronto se colocó a la altura de las Grandes Voces de la Música Criolla, quienes la recibieron  con gran afecto, solidaridad y compañerismo. Su estilo era muy diferente al de las otras grandes.

En 1987, el entonces Presidente del Perú, Dr. Alan García Pérez, oficializó mediante una resolución ministerial el nombramiento de “Las 6 grandes de la Canción Criolla”.  En este ramillete de glorias de la música criolla peruana se encontraban: Jesús Vásquez “La Reyna y Señora de la Canción Criolla”; Alicia Lizárraga “Cholita Linda del Perú”; Eloísa Angulo “La Soberana de la Canción Criolla”; Delia Vallejos “La Novia del Puerto”; Teresita Velásquez “La Emperatriz de la Canción Criolla”; Esther Granados “La Reyna de la Jarana”.

El Congreso de la República aprobó el año 2005 una Pensión de Gracia para Esther Granados mediante decreto legislativo No. 28619, por su aporte a la cultura.

La Municipalidad Metropolitana de Lima, celebrando el Día Internacional de la Mujer el año  2006, le entrega la estatuilla “Minerva” como premio y reconocimiento a su trayectoria musical.

ALGUNOS DE SUS EXITOS MUSICALES

Sus interpretaciones más celebradas son: “Un Suspiro” del autor Pedro Bocanegra, pero más conocida como “Suspiros”; “Nostalgia Chalaca”; “Vamos Boys”; “Que Viva la Jarana”; entre tantas otras que nos siguen deleitando por su melodiosa interpretación, jubilosamente jaranista, de chispeante humor criollo.  Grande entre las grandes.  A pesar de los años que llevaba a cuestas seguía manteniendo las cualidades interpretativas  que la encumbraron como la siempre reconocida “Solita me Jaraneo”, muletilla que ella inventó y usó siempre, mientras mostraba una sonrisa a flor de labios en cada presentación.

Las “Seis Grandes de la Canción Criolla”

Es importante mencionar que al grupo de las “Seis Grandes Voces de la Canción Criolla” se van sumando otros que también van ayudando a encumbrar la música criolla.  Entre ellos debemos mencionar a Lucha Reyes “La Morena de Oro del Perú”, Alicia Maguiña, Luis Abanto Morales, Arturo “Zambo” Cavero, “El Carreta” Jorge Pérez, Irma y Oswaldo, Eva Ayllón; entre  tantos otros.  Muchos jóvenes aún van asomándose para continuar con la difusión del folclore criollo, expresión genuina de ritmo alegre y jaranero, de chispeante humor, interpretación ejecutada por melodiosas voces, con el acompañamiento de guitarras y cajón.

SUSPIROS

Un suspiro de mi pecho así

Es prueba de mi mayor cariño

Porque el amor que te tengo a ti

Es igual al de un niño

Y queriéndote yo así con todito el corazón

Y si algún día murieras

Me consolaría amándote hasta morir (bis).

Oh mi dulce bien me siento morir

Porque mi loco delirio fue

Me juraste serme fiel

Al no ser así como yo te quiero

Y si algún día murieras

Me consolaría amándote hasta morir (bis)

Yo quiero que escuches

La imagen de mi alma

Que te ama y te adora

Como una aventura

Que nadie ha gozado

Tu nombre quedará grabado

Para ser dichoso por tu falso amor.

FIN

“La música es el verdadero lenguaje universal”

(Karl María Von Weber)

Fuentes:

El Peruano (Manuel Acosta Ojeda)

Es.wikipedia.com

dedica.la

http://www.amigosdevilla.it

http://www.criollosperuanos.com

http://www.biografiasyvidas.com

PROMAR

¿QUÉ SON LOS HÁBITOS?

Para comprender mejor acudiremos al diccionario de la Real Academia Española:

Hábito. (Del lat. Habitus). Vestido o traje que cada persona usa según su estado, ministerio o nación, y especialmente el que usan los religiosos y religiosas. También, modo de proceder o conducirse por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas.  También es dependencia respecto de ciertas drogas. Disminución del efecto producido por un medicamento en un organismo, a causa de su continua administración.

Sabemos que los mayores teóricos del hábito son Aristóteles y Santo Tomás de Aquino.

Quizá nos ayude a entender mejor el primer pergamino que nos revela HAFID, en “EL VENDEDOR MÁS GRANDE DEL MUNDO” de Og Mandino y que nos dice:

“¿Qué dos personas, entre mil sabios, definirán el éxito con las mismas palabras?  Y sin embargo el fracaso se describe siempre de la misma forma.  El fracaso es la incapacidad del hombre de alcanzar sus metas en la vida, cualesquiera que sean.  En realidad, la única diferencia entre aquellos que han fracasado y aquellos que han tenido éxito reside en la diferencia de sus hábitos.  Los buenos hábitos son la clave de todo éxito.  Los malos hábitos son la puerta abierta al fracaso”.

Mis acciones son gobernadas por el apetito, la pasión, el prejuicio, la avaricia, el amor, el temor, medio ambiente, hábitos, y el peor de estos tiranos es el hábito.  Por lo tanto si tengo que ser esclavo de los hábitos, que sea esclavo de los buenos hábitos”.

“… desalojaré de mi vida un hábito malo y lo reemplazaré con otro que me acerque al éxito”.  “Solo un hábito puede dominar a otro”.

Entonces, en cuanto se refiere a nuestras acciones y reacciones, hábito es la manera de proceder y conducirnos, que hemos logrado adquirir por repetición de actos semejantes.

Seguramente deben existir distintos tipos de hábitos, pero es importante diferenciarlos entre buenos y malos hábitos.

Malos hábitos son aquellos que no nos permiten crecer, evolucionar; al principio parecen atractivos pero sus consecuencias son desastrosas.  Estos son los vicios.

En cambio los buenos hábitos nos ayudan a alcanzar nuestras metas, nuestros objetivos.  Los conocemos como nuestras virtudes.  Para adquirirlos hay que poner toda nuestra voluntad, venciendo el miedo y la indecisión.

Las influencias del medio ambiente, hogar, escuela, sociedad, van moldeando nuestros hábitos, creándolos; y con el tiempo podemos realizarlos automáticamente.

Por tanto, debemos elegir adquirir buenos hábitos para  alcanzar nuestros anhelos, logrando hacer de nuestras vidas un éxito. Así estaremos evitando los vicios, que no son otra cosa que los malos hábitos, que nos pueden empujar al fracaso.

 

“Locura es hacer lo mismo y esperar un resultado diferente”

(Albert Einstein).

FUENTES:

www,america.edu.pe

www.emaster.com

Mercaba.org

Og Mandino “El vendedor más grande del mundo”

Diccionario RAE

PROMAR

EXCELENTES CONDISCÍPULOS UNIVERSITARIOS DE DANIEL A. CARRIÓN

Daniel A. Carrión

“Hasta hoy había creído que me encontraba tan sólo en la invasión de la verruga, como consecuencia de mi inoculación; es decir, en aquel periodo anemizante que precede a la erupción; pero ahora me encuentro firmemente persuadido de que estoy atacado de la fiebre de que murió nuestro amigo Orihuela: he aquí la prueba palpable de que la fiebre de La Oroya y La Verruga reconocen el mismo origen, como una vez le oí decir al doctor Alarco”. (Daniel A. Carrión).

Nuestro héroe nacional, maestro y mártir de la medicina peruana tuvo como compañeros de universidad a seres excepcionales, tales como: Casimiro Medina, Enrique Mestanza, Julián Arce, Mariano Alcedán, Ricardo Miranda y Manuel Montero; quienes siguieron paso a paso todo el proceso del experimento de Carrión; y, terminaron ese día lunes 5 de octubre de 1885 su historia clínica con estas sentidas y hermosas palabras:

“A las 11 y media de la noche lanzó su último suspiro, breve y profundo, que fue para los que le rodeaban la señal de que este mártir al abandonar la vida iba a ocupar en lo infinito el sitio que el Todopoderoso tiene reservado para los que como él ejercen la mayor de las virtudes, la caridad”.

Grandes visionarios, que lo defendieron, lo resaltaron, en esos momentos en que muchos aún no comprendían el gesto heroico de Carrión.  Una muestra de ello está perennizado en las páginas del libro “La Verruga Peruana y Daniel A. Carrión, Estudiante de la Facultad de Medicina, Muerto el 5 de Octubre de 1885”.  He aquí algunos párrafos escritos por ellos en este libro, que los muestra como seres excepcionales:

 “Un año ha transcurrido durante el cual parece que su nombre y la memoria de sus hechos, hubieran quedado sepultados en el olvido; pero cuando las Ciencias médicas se ocupen de la Verruga Peruana, el nombre de Carrión estará íntimamente vinculado con el estudio de esta enfermedad, haciendo imperecedero su recuerdo y tributándole el homenaje de su respetuosa admiración.”

“Y en verdad no podía ser mayor el sacrificio.  Joven aún, lleno de esperanzas, con un porvenir risueño, asegurado por bienes materiales y la pronta terminación de una carrera profesional, la vida se le presentaba con todos sus atractivos.  Pero cuando la Providencia señala a cada cual el destino que tiene que desempeñar y cuando dota a seres privilegiados de cualidades excepcionales para elevarlos sobre el resto de los hombres, entonces el Genio comprendiendo su elevada misión, la lleva a cabo, excitando la admiración general y el interés que despiertan las grandes acciones.” 

“Es así como se presenta hoy, impulsando a un modesto y noble soldado de la ciencia, que sin aliciente de recompensa alguna, se lanza intrépido en la brecha, rinde la vida y lega con su esforzada muerte el más brillante timbre de verdadera gloria a la Patria y a la Medicina Nacional, en cuyo Martirologio científico hace inscribir en primera línea el nombre de DANIEL A. CARRIÓN”. (Página 6 del mencionado libro escrito por los compañeros de la nota).

Julián Arce

“Compañeros hay muchos, verdaderos amigos sólo son unos pocos”. (Steven Santana)

FUENTES:

Casimiro Medina (La Verruga Peruana y Daniel A. Carrión,…”

“Historia de la Medicina Peruana en el Siglo XX”

Gustavo Delgado Matallana (“Daniel Alcides Carrión, Mártir de la Medicina Peruana, Héroe Nacional”).

PROMAR

LEYENDA DEL “HUARACUY”

Huaracuy  es una palabra de la lengua quechua cuya traducción al español sería Amanecer, Amaneciendo, De Amanecida o Cuando Está Amaneciendo, hora de los acontecimientos decisivos de la trama de esta leyenda

Los personajes centrales de este relato son dos gigantes hermanos: TUMAY RICA y YUNCA YACAN, naturales de Pozuzo (Oxapampa), quienes tienen que enfrentarse a dos gigantescas culebras a las que matan para que no sigan exterminando a los habitantes de estos lugares.

Una versión de esta leyenda lo cuentan los habitantes de OCUCALLA, uno de los pueblos que se encuentran en las alturas del distrito de San Rafael, comprensión de la provincia de Ambo, región Huánuco.  Por estos lugares existen  evidencias rupestres y monumentos arqueológicos de antiguos pueblos que aquí se mencionan; incluso se pueden ver huellas impregnadas en algunas piedras de aquellos cerros por donde pasaron los hermanos  gigantes buscando a los enormes reptiles para acabar con ellos, puesto que todos corrían peligro de ser exterminados.

Cuentan que una pastora del poblado de Pillcau salió al campo a pastar sus ovejas, como lo hacía todos los días.  Ocurrió de pronto que ese día el cielo se cubrió de nubes negras y luego comenzó a llover.  Ella, para no mojarse, fue a parapetarse dentro de un pequeño bosque pero de grandes y coposos árboles, donde la pastora encontró una planta silvestre llamada “Puru Puru” y se detuvo a contemplarla.  De pronto apareció un hombre joven parado a su costado.  Era blanco, simpático, buen mozo. Ella era una hermosa campesina.  Ambos no pudieron resistirse al encanto del amor, y se entregaron mutuamente en un torbellino de pasiones ese mismo día.  Así, sin pensarlo dos veces, la pastora quedó enamorada del mencionado joven galán que la acababa de conquistar.

 El joven enamorado dijo llamarse MARAY, y había llegado al valle de “Ramrash Ragra” procedente de la cumbre “Pachacuyun”.

En nuestras serranías se usa el batán (piedra plana) para moler granos, hierbas, tubérculos.  “Batán” en lengua quechua es “Maray”.  Resulta que nuestro enamorado y galán de esta leyenda era un ser sobrenatural, que tomaba la forma humana a voluntad, que en realidad era una piedra, un batán, y que había llegado rodando a ese valle de “Ramrash Ragra”.

Todos los días la chica iba por esos lugares con su ganado, para encontrarse con su enamorado.  Los padres de la chica notaron que estaba algo trastornada, con signos de ir  camino a la locura, por lo que optaron por llevarla donde un  sacerdote para que pueda curarla.  El sacerdote con rezos e imprecaciones llegó a curarla, por lo que los padres y la hija regresaron a su casa, donde pasados  algunos días la joven descubre que estaba embarazada.

El joven Maray, enterado del embarazo de la pastora, le advierte que cuando vaya a dar a luz a su hijo, no vaya a intentar atentar contra la vida de su criatura, menos intentar quemarlo; porque si algo malo le ocurriese a la criatura, ella sería la primera en morir.

La pastora, asustada y obediente, cuidó su embarazo.  Cuando llegó a dar a luz a su criatura se dio con la sorpresa de que eran dos huevos.

Para evitar que sus padres lo descubrieran los mantuvo ocultos en su seno.  Pero los padres pronto inquirieron por el fruto de aquel embarazo, y ella inventaba cualquier respuesta para justificarse, pero al no poder mantener por más tiempo esta situación, pasado una semana optó por llevar dichos huevos en una olla a la quebrada de “Ramrash Ragra”, lugar que era temido por los pobladores de estos lugares, porque lo consideraban lugar de vivienda de los demonios.  Allí los dos huevos fueron depositados cerca de una catarata, donde hasta la actualidad se pueden observar huellas en el lugar donde estuvieron posados, y muy significativamente por estos lugares crece el “Puru Puru”, planta silvestre y al parecer mágica.

Un día la pastora fue a ver a sus huevos y descubrió con gran sorpresa que habían nacido dos culebritas, hembra y macho.  Parece que la pastora y Maray se turnaron para cuidar a sus criaturas.  Cada día estas culebritas crecían rápidamente requiriendo más leche de los senos de su madre, por lo que se vio obligada a llevar leche de vaca en porongos para alimentar a sus dos hambrientas criaturas.  Pero ya resultaban insuficientes porque esas culebras eran insaciables y seguían creciendo y querían más y más leche, por lo que ellos (las culebras) le dijeron a su madre que, como se acercaba la fiesta patronal de San Pedro y San Pablo del pueblo de Pillcau, irían allí para comerse a los pobladores que acudirían a la misa, donde también estarían los pobladores de Comillca que era una población mayor, porque tenían mucha hambre.

Llegó el día de la fiesta patronal del pueblo de Pillcau.  La madre de las culebras que estaba en la misa recordó que sus hijos le habían advertido que en cuanto escuche que ellos llegaban, ella tenía que dirigirse a la cumbre del cerro “Gallac”, pero sin volver la vista hacia atrás. Acordaron encontrarse luego en la selva de Pozuzo.  Ella hizo todo como le habían advertido sus hijos, pero la curiosidad la ganó y a media cuesta de aquel cerro volteó para ver lo que estaba sucediendo.  Al instante, allí mismo quedó convertida en piedra de casi tres metros de altura; donde hasta la actualidad se la puede ver cerca al pueblo de Querojamanan.

Parece que las culebras seguían creciendo más, porque al reptar aquel día iban dejando grandes zanjas por donde avanzaban, producto del peso de sus grandes cuerpos. La leyenda cuenta de que estas gigantescas culebras nunca llegaron al pueblo, pero desde la quebrada de “Ramrash Ragra” iban succionando a los pobladores de Pillcau y Comillca quienes eran atraídos como por un imán, y así se devoraron a cuantos pobladores pudieron.

Maray sigue a sus hijos y se dirige a la cumbre de Ocucalla donde queda convertido en una piedra batán, donde hasta ahora se lo puede observar.

Cuentan que por aquellos tiempos vivían hombres gigantes por estos lugares, tanto en la cumbre de “Quirish” como por la quebrada de Comillca.

Aquí  intervienen dos gigantes de la selva del Pozuzo; aunque algunos dicen que eran de Panao.  Se llamaban Yunca Yacan y Tumay Rica.  En lengua del lugar se dice que Yunca se traduce como Pueblo, Yacan es igual a GrandeTumay se traduce como Saliendo, mientras que Ricay se traduce como Ver o Mirar.

Estos gigantes, enterados de que las culebras irían por la zona de su residencia, decidieron salir para enfrentarlos y eliminarlos.  Con esta idea caminaron por diversos lugares.  Pasaron por Chinchao, Pocras, Chupachos, llegando hasta la cabecera del Yaro en el lugar llamado Angasmarca; luego pasaron por Runtun Ripac, lugar estrecho para los gigantes, quienes  para poder pasar tuvieron que presionar al cerro con sus pies, quedando hasta ahora la huella moldeada de un pie izquierdo gigante, un testículo, también la huella de la mano que apoyó en la roca; llegando luego a Pachacuyun, donde se enteran que Pillcau estaba en las alturas de los Chupachos, de los Yachas.  De allí se dirigen por la quebrada de Rondos, llegan a Auquillo Pata, pasan por Ricra Parac, luego por Ocucalla, donde se encuentran en Hualhuapampa con las serpientes que venían alegres de devorarse a los pobladores de Pillcau y Comillca.

Los gigantes hermanos, temiendo ser comidos por las enormes culebras en un enfrentamiento abierto, decidieron hacerles una apuesta.  Les dijeron: “Si al amanecer de mañana ustedes nos  ganan en llegar a la cumbre del cerro “Kirish” antes de que salga el sol, nos comen.  Si nosotros llegamos antes que ustedes, entonces tendremos que matarlos”.  Las serpientes aceptaron la apuesta.  Firmaron un documento sobre una piedra, que hasta la actualidad existe en el pozo llamado “Chuchuhuana”, lugar donde las serpientes pernoctaron aquella noche.

Los gigantes aprovecharon el tiempo para ir hasta su pueblo Pozuzo, aprovisionarse de hachas, hondas, y volviendo al lugar donde se iba a llevar a cabo la mencionada apuesta, entrenaron esa noche lanzándose collotas gigantes con sus hondas, desde ambas orillas de la laguna “Chuncana”, donde hasta hoy día se pueden observar muestras de esas collotas lanzadas y otras que quedaron amontonadas a orillas de esa laguna, formando una muralla.

Desde allí, muy temprano, los gigantes subieron al cerro “Kirish” divisando a las serpientes que subían por el otro lado del cerro haciendo gran ruido.  La leyenda cuenta de que las culebras se habían retrasado por comerse temprano a los pobladores de Mutuy.  Las serpientes ya asomaban la cumbre de aquel cerro, cuando los primeros rayos del sol los segaron por unos instantes, momentos decisivos que fueron aprovechados por los gigantes quienes descargaron certeros hachazos sobre las cabezas de las serpientes, las que rodaron cuesta abajo hasta llegar a la quebrada conocida como “Talenga”.  Sus sangres llegaron a una laguna que hasta hoy existe y es conocida como “Yahuar Cocha” por el color rojizo de sus aguas.  Los cuerpos sin cabeza de las serpientes quedaron convertidas allí mismo en piedras.  Hasta ahora están allí y podemos observarlos, son conocidos como “Guichga” por su contenido de cuarzo.

Así perdieron la apuesta y la vida las enormes culebras ante los gigantes Tumay Rica y Yunca Yacan, quienes se retiraron del lugar sin mirar hacia atrás, porque de lo contrario habrían sido convertidos en piedra.  En su recorrido de regreso a casa llegaron a lavarse la boca en una laguna que ha quedado todo de color verde, porque los gigantes chacchaban hojas de coca y tenían toda la boca y los dientes impregnados del resto de estas hojas.  Adelante caminaba Tumay Rica; por su tras iba Yunca Yacan quien volteó para asegurarse de que las culebras no los estuvieran siguiendo y allí mismo quedó convertido en piedra en el lugar denominado “Carhuag”.

Los pobladores de las cercanías, enterados de estos acontecimientos, salieron bailando a recibir a los gigantes, pero fueron quedando convertidos en piedra en el lugar que se conoce como Negro Pampa, donde actualmente se pueden apreciar piedras o “huancas” con formas humanas.  Parece que uno de aquellos pobladores estuvo meando en aquel momento, porque existe una piedra con trazas de estar orinando, y del cual sale agua.

Escenario semejante al de la leyenda Huaracuy.

Por las alturas de “Yurag Rumi”, Tumay Rica continuaba su camino, sin detenerse, sin voltear, pero se sentó a masticar sus hojas de coca, se le cayeron al suelo algunas que luego formaron un pequeño bosque.  Se levantó, se acordó de su hermano, volteó la mirada y quedó convertido en piedra, muy cerca a su pueblo de origen, Pozuzo.

En la actualidad, las piedras que sustentan esta leyenda son objeto de culto por los campesinos de aquellos lugares, quienes los consideran dioses del campo, y cada año en época de carnavales son objeto de culto.  Los agasajan con hojas de coca, aguardiente, bizcochos, vino, confites, frutas, que les son servidos en un culto que se llama “la mesa”.

Así termina esta leyenda del HUARACUY,es decir del Amanecer, donde los héroes gigantes Tumay Rica y Yunca Yacan cortaron las cabezas de las serpientes cuando estaba amaneciendo; pero que en el trayecto de regreso a su pueblo Pozuzo quedaron convertidos en piedra por volver la mirada hacia atrás.

FIN

FUENTE:

Prof. AUGUSTO CÓNDOR J.

PROMAR

 GRUPO DE AMIGOS DE DANIEL A. CARRIÓN EN LA FACULTAD DE MEDICINA DE SAN FERNANDO

Nuestro héroe nacional y mártir de la medicina peruana, Daniel A. Carrión, tuvo excepcionales compañeros de estudio en la facultad de Medicina de San Fernando, que llegaron a estimarlo y comprenderlo, tanto en su dimensión humana como en la de su sacrificio.  Por eso estuvieron pendientes del desenvolvimiento del experimento, desde su inoculación hasta los primeros síntomas.

Cuando Carrión ya no pudo escribir sus apuntes clínicos, ellos lo hicieron siguiendo su dictado según el proceso del mal que iba anemizando a nuestro héroe, hasta el sacrificio final.

Luego, del fatal desenlace, siguieron trabajando para lograr el reconocimiento que Carrión se merecía.  Estaban allí para aclarar las conclusiones a las que habían llegado los médicos forenses, con la verdad de los hechos, de que “antes de la inoculación Carrión no sufría dolencia alguna”.

Luego, perennizando sus nombres en la noble tarea que se habían impuesto, logran publicar el libro que resaltamos, siendo un texto de consulta para quienes quieran conocer de primera mano el grandioso ejemplo de abnegación y amor al prójimo de Carrión.

Sus compañeros terminarían ese mismo día, lunes 5 de octubre de 1885, su historia clínica con estas sentidas y hermosas palabras:  “A las 11 y media de la noche lanzó su último suspiro, breve y profundo, que fue para los que le rodeaban la señal de que este mártir al abandonar la vida iba a ocupar en lo infinito el sitio que el Todopoderoso tiene reservado para los que como él ejercen la mayor de las virtudes, la caridad”.

 

Daniel A. Carrión

Así, al año del sacrificio de Carrión, el entonces estudiante Casimiro Medina, a nombre de 6 de sus compañeros de aula, solicita y consigue  por Resolución Ministerial que el Estado Peruano publique la “HISTORIA DE LA AUTO OBSERVACIÓN DE DANIEL A. CARRIÓN”.

LA VERRUGA PERUANA Y DANIEL A. CARRIÓN, ESTUDIANTE DE LA FACULTAD DE MEDICINA, MUERTO EL 5 DE OCTUBRE DE 1885“, libro compilado y sistematizado por los amigos y condiscípulos de DANIEL A. CARRIÓN (Casimiro Medina, Enrique Mestanza, Julián Arce, Mariano Alcedán, Ricardo Miranda y Manuel Montero), publicado en 1886, conteniendo el DIARIO escrito por el propio Daniel A. Carrión, el cual fue completado por sus compañeros de la universidad; su biografía; los apuntes que había elaborado sobre la enfermedad; nueve Historias Clínicas de Verrucosos que Carrión había estudiado en los hospitales de Lima; su propia historia clínica tras aplicarse cuatro inoculaciones verrucosas realizadas por el doctor Evaristo M. Chávez; notas periodísticas sobre su hazaña, y otros afines; el cual es editado por el Ministerio de Gobierno de aquella época.

 

En el libro “La Verruga Peruana y Daniel A. Carrión, …” podemos leer párrafos contundentes de la opinión de los compañeros universitarios de “San Fernando”, sobre Carrión:

“Un año ha transcurrido durante el cual parece que su nombre y la memoria de sus hechos, hubieran quedado sepultados en el olvido; pero cuando las Ciencias médicas se ocupen de la Verruga Peruana, el nombre de Carrión estará íntimamente vinculado con el estudio de esta enfermedad, haciendo imperecedero su recuerdo y tributándole el homenaje de su respetuosa admiración.”

“Y en verdad no podía ser mayor el sacrificio.  Joven aún, lleno de esperanzas, con un porvenir risueño, asegurado por bienes materiales y la pronta terminación de una carrera profesional, la vida se le presentaba con todos sus atractivos.  Pero cuando la Providencia señala a cada cual el destino que tiene que desempeñar y cuando dota a seres privilegiados de cualidades excepcionales para elevarlos sobre el resto de los hombres, entonces el Genio comprendiendo su elevada misión, la lleva a cabo, excitando la admiración general y el interés que despiertan las grandes acciones.” 

“Es así como se presenta hoy, impulsando a un modesto y noble soldado de la ciencia, que sin aliciente de recompensa alguna, se lanza intrépido en la brecha, rinde la vida y lega con su esforzada muerte el más brillante timbre de verdadera gloria a la Patria y a la Medicina Nacional, en cuyo Martirologio científico hace inscribir en primera línea el nombre de DANIEL A. CARRIÓN”. (Página 6 del mencionado libro escrito por los compañeros de la nota).

Daniel A. Carrión buscaba demostrar que “La fiebre de La Oroya” era una grave evolución, un estado latente y pernicioso de la “Verruga Peruana”, su carácter infeccioso y contagiante, sus primeros signos y síntomas, el tiempo de incubación del mal.  Esto es lo que lanza a Carrión al experimento, que terminaría en su propio holocausto:  “hasta hoy había creído que me encontraba tan sólo en la invasión de la verruga, como consecuencia de mi inoculación; es decir, en aquel periodo anemizante que precede a la erupción; pero ahora me encuentro firmemente persuadido de que estoy atacado de la fiebre de que murió nuestro amigo Orihuela: he aquí la prueba palpable de que la fiebre de La Oroya y La Verruga reconocen el mismo origen, como una vez le oí decir al doctor Alarco”.

Al hacer esta observación Carrión demostró inteligencia y  sagacidad. Esto es tanto más admirable, estando tan sólo a dos días de su muerte.

Todo lo expuesto nos obliga a expresar nuestra sincera admiración y agradecimiento a esos extraordinarios compañeros que fueron amigos y condiscípulos de estudios médicos en la universidad.  También fueron los primeros en comprender y defender su acto heroico y su nombre, resaltar la dimensión de su sacrificio, escribiendo hermosos elogios de su admiración por la persona y comprensión de los actos del genio.

Pero no fue en vano el martirologio de Carrión.  Fue en aras de propiciar la cura de la enfermedad, para beneficio de humildes trabajadores y pobladores de menores recursos, que en ese entonces iban muriendo abatidos por el mal de la “Verruga Peruana” o “Fiebre de la Oroya”, que ahora se conoce como la “ENFERMEDAD DE CARRIÓN” ; y reconocen el mismo origen.

 

 “La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”.

Rabindranath Tagore (1861-1941) Filósofo y escritor indio.

FUENTES:

Pasco Ancestral y diverso (Eduardo M. Pacheco Peña).

Gustavo Delgado Matallana (“Daniel Alcides Carrión, mártir de la medicina peruana, héroe nacional”).

“Historia de la Medicina Peruana en el siglo XX”

Casimiro Medina (“La Verruga Peruana y Daniel A. Carrión”).

Revista “16 de abril”.

PROMAR

DANIEL A. CARRIÓN, MÁRTIR, MAESTRO Y HÉROE NACIONAL

Creo imprescindible advertir a nuestros lectores que este artículo es una suma de extractos de varios escritos de diversos autores.  Destaca el libro “La Verruga Peruana y Daniel A. Carrión” escrita por los propios compañeros de estudio de nuestro héroe, donde ellos vislumbran el futuro reconocimiento a nuestro personaje.

BREVE BIOGRAFÍA:

Daniel Alcides Carrión García, hijo del médico y abogado ecuatoriano Baltasar Carrión y Torres y de nuestra compatriota doña Dolores García Navarro, nació en Quiulacocha (Según investigaciones últimas), localidad situada al frente de la ciudad de Cerro de Pasco, el 13 de agosto de 1857.

Estudió la primaria en la Escuela Municipal de Cerro de Pasco. El fallecimiento accidental de su padre, lo dejó huérfano a la edad de 8 años, por lo que debió continuar sus estudios en la ciudad de Tarma al cuidado de un familiar de su madre.  A los 14 años de edad se trasladó a la ciudad de Lima, ingresó al colegio Guadalupe, donde cursó de 1873 a 1878 la enseñanza secundaria y media con calificaciones excelentes. Una vez alcanzado el título de bachiller, se matriculó en 1878, en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, para cursar los estudios médicos, los que realizaría con notable éxito.

Durante sus estudios médicos, sintió honda inquietud por conocer dos enfermedades características de algunos valles centrales peruanos: una de ellas, conocida con el nombre de “Fiebre de la Oroya”, caracterizada por fiebre y anemia progresiva que, pese al tratamiento que se efectuaba en esa época, tenía una letalidad cercana al 100%.  El otro proceso llamado “Verruga peruana”, tenía igual distribución geográfica, pero de evolución benigna; con la súbita aparición de nódulos cutáneos y escasos síntomas generales. Hasta entonces se consideraba que ambos cuadros tenían diferente etiología.

EXTRACTOS DIVERSOS REFERIDOS A DANIEL A. CARRIÓN:

Textos que nos ilustran aspectos poco divulgados sobre la personalidad de nuestro héroe nacional Daniel A. Carrión, como de la trascendencia de su acción, quien ofrendó su propia vida en aras de lograr la cura al mal de la verruga, como manifiestan sus compañeros de estudios médicos.

La Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en uno de sus “Anales”, brinda los siguientes RESULTADOS Y CONCLUSIONES sobre el perfil de la personalidad de Daniel  A. Carrión. De las doce conclusiones obtenidas resumimos las siguientes : 1º La Personalidad de Carrión muestra rasgos normales, sin visos de neuroticismo ni psicopatía; 2º En su carácter destacan los rasgos de asertividad, perseverancia, disciplina, estabilidad emocional, honestidad consigo mismo y con los demás, buenas relaciones interpersonales, capacidad de liderazgo y convicción plena en sus conocimientos; 3º Su vida estuvo dedicada enteramente a la ciencia; 7º El análisis grafológico confirma los rasgos de personalidad descritos; 8º El perfil de personalidad de Carrión satisface todos los criterios de Selye; 9º Su autoexperimentación se apoya en una sólida formulación científica y elevada escala de valores en la cual destacan un alto nivel de beneficentismo y apego extremo a la verdad; 11º El experimento de Daniel A. Carrión cumple con todos los preceptos éticos; 12º Se demuestra que la acusación del Dr. La Puente no tiene sustento alguno. (Anales de la Facultad de Medicina de la UNMSM).

Eduardo M. Pacheco Peña, docente de Historia y Geografía de la Universidad Nacional “Daniel Alcides Carrión” de Cerro de Pasco, comentando sobre el libro “La Verruga Peruana y Daniel A. Carrión” publicada en 1886, y reeditada por la Municipalidad Provincial de Pasco el 2008, dice:

“SOBRE EL CONTENIDO DE LA OBRA compilada y sistematizada por sus condiscípulos: Casimiro Medina, Enrique Mestanza, Julián Arce, Mariano Alcedán, Ricardo Miranda y Manuel Montero, esta pequeña obra buscó perpetuar en la memoria colectiva los ideales y el noble sacrificio de Daniel A. Carrión en aras de las ciencias médicas y el bien de la humanidad. La Introducción nos presenta un efusivo exordio a la devoción hipocrática, sensibilidad e inteligencia del joven estudiante sanmarquino.  Dos de sus párrafos enuncian líricamente una verdad reconocida hasta por los medios de prensa masivos de su época:

“Y en verdad no podía ser mayor el sacrificio. Joven aún, lleno de esperanzas, con un porvenir risueño, asegurado por bienes materiales y la pronta terminación de una carrera profesional, la vida se le presentaba con todos sus atractivos; pero cuando la Providencia señala a cada cual el destino que tiene que desempeñar y cuando dota a seres privilegiados de cualidades excepcionales para elevarlos sobre el resto de los hombres, entonces el Genio comprendiendo su elevada misión, la lleva a cabo, excitando la admiración general y el interés que despiertan las grandes acciones. 

Es así como se presenta hoy, impulsando a un modesto y noble soldado de la ciencia, que sin aliciente de recompensa alguna, se lanza intrépido en la brecha, rinde la vida y lega con su esforzada muerte el más brillante timbre de verdadera gloria a la Patria y a la Medicina Nacional, en cuyo Martirologio científico hace inscribir en primera línea el nombre de Daniel A. Carrión”. (Página 06).

Transcribe lo que también dice dicho preámbulo a lineas seguidas: “(…) Aquí donde la absorbencia política y las efímeras glorias militares se reparten los aplausos y caudales públicos, aquí repetimos, ni un modesto mausoleo se erigió para perpetuar la memoria de este abnegado adalid de la humanidad”.

“Un año ha transcurrido durante el cual parece que su nombre y la memoria de sus hechos, hubieran quedado sepultados en el olvido; pero cuando las Ciencias médicas se ocupen de la Verruga Peruana, el nombre de Carrión estará íntimamente vinculado con el estudio de esta enfermedad, haciendo imperecedero su recuerdo y tributándole el homenaje de su respetuosa admiración”.
Este libro expuso por vez primera una biografía del héroe; los apuntes sobre la Verruga Peruana y los resultados analíticos que formulara Daniel A. Carrión antes de adquirir la enfermedad; las historias clínicas que reunió pacientemente desde 1881; su propia historia clínica tras aplicarse con ayuda del Dr. Evaristo M. Chávez cuatro inoculaciones de sangre procedentes de un tumor verrucoso del paciente Carmen Paredes; el discurso pronunciado en la Sociedad “Unión Fernandina” en el aniversario de su muerte; las notas de la prensa científica nacional (El Monitor Médico, La Crónica Médica, La Gaceta Científica y la Academia Libre de Medicina de Lima) y la prensa médica internacional (de Francia, Inglaterra, Cuba, México, Chile, Argentina, España…), resaltando el gesto generoso de Carrión; los artículos publicados en diarios nacionales como el polémico de Ignacio La Puente, que fue respondida por los autores de la obra en estudio, así como de otros anónimos columnistas que lo equiparaban a sabios de la talla de Jenner, Pasteur, Ferran, Trousseau, Koch, Reed, Freyre, Carmona, Fonsagrives…, y, como es poco frecuente hoy día, fundamentaban sus afirmaciones en detalladas explicaciones humanistas, terminológicas y científicas; el histórico informe del Dr. Leonardo Villar y los mezquinos comunicados de la Sub Prefectura e Intendencia de Policía; la nota aclaratoria a las conclusiones de los médicos forenses que escribieron los estudiantes Casimiro Medina, Enrique Mestanza, Julian Arce, Mariano Alcedan, Ricardo Miranda y Manuel Montero para aclarar que “antes de la inoculación Carrión no sufría dolencia alguna“; los discursos de los médicos Macedo y Almenara, y del estudiante Manuel I. Galdo en los funerales del mártir, y 04 notas periodísticas del suceso.
Estos documentos posteriormente fueron incorporados a otras publicaciones. El Dr. Gustavo Delgado Matallana, al editar su monumental obra “Daniel Alcides Carrión, mártir de la medicina peruana, héroe nacional” (Asociación de Historia de la Medicina Peruana y Fondo Editorial de la UNMSM, Lima, 2001), igualmente los contempló y reprodujo”.
En la colosal obra “Historia de la Medicina Peruana en el siglo XX” (publicación producto de la colaboración del “Fondo Editorial de la UNMSM” y la “Asociación de Historia de la Medicina Peruana), se puede leer, que:
“Daniel A. Carrión, estudiante del 6to. año de Medicina, de 28 años de edad, se encontraba estudiando la verruga desde 1883, la eligió como tema de tesis de Bachiller en Medicina.  Conocía la RV del centro andino peruano, por sus constantes viajes que hacía de Lima al valle del Rímac y a Cerro de Pasco, su tierra natal.  Resolvió hacerse inocular el 27 de agosto de 1885 con el material extraído con lanceta de un verrucoma localizado en el arco superciliar derecho del paciente de 13 años, Carmen Paredes, hospitalizado en el servicio del Dr. Leonardo Villar, del Benemérito Hospital “Dos de Mayo” de Lima, Perú.  El Dr. Evaristo Chávez le practicó 4 inoculaciones, a los 21 días padece anemia febril y luego de 16 días más de agravamiento del mal sucumbe el 05 de octubre de 1885, probando experimentalmente que la “Fiebre de la Oroya” y la “Verruga peruana” reconocen el mismo origen. 
En 1886, Casimiro Medina, a nombre de 6 compañeros de aula de Daniel A.Carrión, consigue  por resolución ministerial que el Estado Peruano publique en forma de folleto la HISTORIA DE LA AUTOOBSERVACIÓN DE DANIEL A. CARRIÓN sobre el período de incubación de 21 días y la enfermedad caracterizada por ictericia, fiebre, algias, insomnio y debilidad.  Sus condiscípulos de medicina observaron la palidez considerable de piel y mucosas así como debilidad que a partir del décimo primer día de enfermedad se iban agravando.  Daniel A. Carrión concluye que la enfermedad que lo acosa en ese instante es la Fiebre de la Oroya”.
Tal célebre folleto constituído por el diario escrito por el propio Daniel A. Carrión y completado por sus compañeros, su biografía y los apuntes que había elaborado sobre la enfermedad, así como 09 Historias Clínicas de Verrucosos que había estudiado en los hospitales de Lima, es editado por el Ministerio de Gobierno , considerando que es necesario estimular a los que se dedican a los asuntos importantes de la humanidad y la ciencia; que de esta suerte se honra al Perú y se perpetúa la memoria de los que se sacrificaron en obsequio de aquellos. 
Este folleto ha sido publicado en varias ocasiones a partir de lo que solicitaron los seis compañeros de aula de Daniel A. Carrión en 1886″. (De la obra: “Historia de la Medicina Peruana en el siglo XX”).

Dr. Gustavo Delgado Matallana

“C´est fini: esto se acabó”.  “Aún no he muerto amigo mío; ahora les toca a ustedes terminar la obra comenzada, siguiendo el camino que les he trazado”. (Daniel A. Carrión)

Fuentes:

Alberto Perales

Eduardo M. Pacheco Peña

Gustavo Delgado Matallana

“Historia de la Medicina Peruana en el siglo XX”

Anales de la Facultad de Medicina de la UNMSM

Casimiro Medina

“La Verruga Peruana y Daniel A. Carrión”

Wikipedia

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AUSENCIAS INEVITABLES

AUSENCIAS INEVITABLES

Cuando éramos estudiantes y leíamos las “COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE” de Jorge Manrique, entendíamos “Cómo se viene la muerte tan callando”, o también que “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar que es el morir”.

Todos sabemos el inexorable final que el destino nos depara a cada uno de nosotros. Pero la cosa no es tan sencilla. Decirlo y aceptarlo es una cosa, pero cuando sufrimos la pérdida de un ser querido la cosa es otra.

Gritamos, lamentamos, sufrimos, lloramos. No queremos aceptar el inevitable final que a todos nos espera. Y, no es para menos. Jamás quisiéramos perder a ningún ser querido, y, menos dejar de existir nosotros mismos.

Hace poco, el 9 de julio del presente año (2012), falleció un profesional Cerreño, hermano menor de mi amigo Juan. El doctor EDMUNDO ROSAS CLEMENTE había partido para nunca más volver. Deja esposa e hijos, y a toda una familia que lo recordará siempre.

 La comunidad Pasqueña así como nuestra Asociación de Ex Alumnos del Colegio Nacional “Daniel A. Carrión” de la ciudad de Cerro de Pasco, Residentes en Lima, quedamos enlutados también.

Sabemos que Edmundo realizó sus estudios primarios y secundarios en su natal Cerro de Pasco. Ya en Lima, estudió MEDICINA en la Decana de América, Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Como profesional desarrolló su carrera en la ciudad de Lima, tanto como médico en el Hospital “Dos de Mayo”, cuanto como catedrático en su Alma Mater, al margen de otros emprendimientos con el fin de ser útil a la sociedad, al gremio médico, a su familia, a sus amigos, a sus paisanos; en fin, apoyaba a todo aquel que necesitaba algo de él.

                                                         Hospital “2 DE MAYO”

Unos versos de “Nadie es Eterno” que canta Segundo Rosero, dicen: “No lloren por el que muere que para siempre se va, velen por los que se quedan si los pueden ayudar”.

Aprovecho para hacer llegar un pequeño mensaje, una palabra de aliento, a la esposa e hijos de Edmundo, lo mismo que a toda su familia. Pedirles que aún en los peores momentos de sus vidas siempre tengan presente una sencilla frase de Og Mandino: “ESTO PASARÁ TAMBIÉN”. Estoy seguro de que los va a ayudar.

Cuando sientan desfallecer sus fuerzas por la dureza de la pérdida sufrida, consuélense repitiendo esta frase, que les brindará una luz de esperanza de que este dolor también pasará. Aún la noche mas tenebrosa y negra, que nos asusta y da miedo, da paso a un nuevo día que con sus rayos solares nos tranquiliza, nos brinda una nueva oportunidad, y nos abre las puertas de la esperanza de que todo este sufrimiento también pasará. Las heridas cicatrizan y curan, tanto del cuerpo como del alma. Debemos retomar el camino de nuestras vidas, porque: “La función debe continuar”.  Aún sin darnos cuenta, todos somos actores del “Gran teatro del mundo”.

“Acogeré la felicidad porque engrandece mi corazón; pero también soportaré la tristeza porque descubre mi alma.”
(Agustine Og Mandino – 12 de diciembre de 1923 – 3 de septiembre de 1996 – fue un escritor estadounidense y autor del best seller “El vendedor más grande del mundo”.)

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